miércoles, septiembre 06, 2006

El abanderado de los humildes



Simplemente gracias.
Desde nuestro luto combativo, lo vamos a extrañar.

martes, agosto 15, 2006

Simplemente arte

Cuando yo te conocí, te invité a salir:
vamos a la fiesta de un amigo
hay mucho escabio y mucho ruido.

Un chabón me deliró y un roscazo se comió
me echaron de la fiesta
y me quedé sin chica y sin cerveza.

Al rato me puse a caminar
en busca de un bar
y al rato lo encontré
y mas de diez cervezas me tomé.

Por la vidriera del bar
veo mi chica y mi amigo pasar
que van directo a ese hotel
que esta al frente de este bar.

Pido la cuenta al mozo
no me alcanza para pagar
yo intento despegar
y a la seccional voy a dar.

Coro: Que mala suerte que tengo yo
que a esa chica no la pude transar
mi amigo se la cogió!
Y yo estoy en la seccional

que mala suerte que tengo yo
Y yo estoy en la seccional
Que mala suerte que tengo yo

Y yo estoy en la seccional
que mala suerte que tengo yo
Que mala suerte que tenes vos.

Mosca, 1994.

Piojoso 87

A veces, yo quiero moverte
A veces, yo quiero romperte
A veces, yo me vuelvo loco
A veces, ¡ay! si no te toco
A veces, voy pateando el piso
A veces, solo me deslizo
A veces, a veces se cebay entonces, ella es mi problema...
Y son las cosas del destino
y son las cosas de la suertevo
y a salir nena a buscarte
y vas a ver cuando te encuentre

A veces, yo quiero moverte
a veces, yo quiero tenerte (cogerte)
a veces, ella es la locura
a veces, solo ella me cura
Y son las cosas del destino
y son las cosas de la suerte
voy a salir nena a buscarte
y vas a ver cuando te encuentre
A veces, me muevo
A veces, me muevo...

Aguante los pio, los pibes de Celina, la birra y mi viejo. Hasta el triunfo, siempre...

jueves, marzo 30, 2006

Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre

Miguel Morales hoy es feliz. Acaba de cumplir 21 años, pero ya alcanzó el sueño de su vida.

Todavía se acuerda de aquellos mediodías, cuando bailaba el "ukayaka, Nico, Nico", en la cocina de su casa tras retornar de su escuela Mariano Moreno.
Siempre quiso ser actor, desde las cenas familiares hasta cuando jugaba al dígalo con mímica y exageraba cada gesto cuando tenía que representar "Hombre mirando al sudeste" (película que uno siempre dice pensando que es difícil y la adivinan en menos de 27 segundos). Por eso se anotó en la Escuela de Norman Brisky..."es el tipo que hizo de Barreda en Sin Condena", le dijo a un amigo cuando pregunto quién era semejante personaje. En cada clase, así como cada ensayo se sacaba sus zapatillas para "recibir las energías positivas de nuestra tierra en la parte más honesta del cuerpo: los pies". Después probó con la improvisación con los chicos de Sucesos Argentinos, pero a los tres meses se aburrió porque era "poco serio".

Hasta que en enero de este año se enteró de que Canal 13 estaba haciendo un casting para un programa con Nicolás Repetto. Todos los hermosos recuerdos de su pubertad se le vinieron a la cabeza. Así fue que llegó al estudio para realizar la prueba. Se declaró confeso admirador de Marcel Marceau (nunca lo vio pero le dijeron que era un buen mimo) y de paso improvisó con el famoso número en el que se tira de una soga poniendo caras que mezclan signos de esfuerzo y picardía. A los productores les encantó su performance. Y así quedó en el programa de Nico. Y así, hoy, aparece en el televisor de todos los argentinos.

Miguel Morales hoy es feliz. Hoy tuvo sus diez segundos de protagonismo en el que pudo decir "¿usted me está tomando el pelo, sr. Repetto?", cuando el animador no le quiso mostrar el tesoro que tenía escondido en una caja de zapatos (juego de antaño en la caja bobi). Fueron 9 segundos y 34 centésimas, para ser más exacto. Pero en este lapso temporal pudo hacer todo lo que estudió durante sus 5 años en el teatro y pudo sacarle siete lágrimas a su madre Noemí, que todavía sigue pasando cuadro por cuadro la grabación del programa para deleitarse con el Nene.

La historia de un chico que la luchó y hoy consiguió lo que siempre buscó. Felicitaciones Miguel.

miércoles, enero 11, 2006

si lo dice crónica

viernes, enero 06, 2006

Para el apóstol de la naturaleza

Lamentablemente, la generosidad del fundador de este blog desembocó en la intrusión de un personaje nefasto, cuando no indeseable. El resentimiento es evidente en este campesino que se la da de aventurero por trepar dos pinos y que dice que pisar un charco y embarrarse es "un riesgo" (¡¡¡un riesgo!!!). Este predicador del té con limón a las tres de la mañana osa criticar a los dibujitos con los que generaciones y generaciones se instruyeron (perdón, nos instruimos) durante su (nuestra) infancia. Y da por sentado que esas personas que lo rodean y que miraban dibujitos NO jugaban al fútbol, o mejor dicho: que no pateaban una pelota...
Ahora, me pregunto: ¿sabrá este apóstol de la naturaleza y la vida silvestre quién era He- Man o su mención no será menos que un ruego para que se lo contemos? ¿Sabrá quiénes eran los Campeones (sí, un-pro-gra-ma-de-fút-bol)? ("El que me diga cuándo los japoneses ganaron algo me hará su siervo", dice nuestro charlatán amigo, el mismo charlatán amigo que se excita cuando algún tenista argentino gana un partido de cuarta ante un rival de octava y lo defiende como si fuera un iluminado del deporte mundial.)
"No me di cuenta de que tutearme con la Naturaleza era elegir la opción menos inteligente". ¡¿Qué dice?! ¡¿Qué carajo se piensa que es la Naturaleza este mormón de Ameghino? ¿Se tuteaba con la Naturaleza? ¿Mientras escalaba un pino le decía algo así como "señor pino, te puedo trepar"? ¿Por el contrario, entonces, los que no nos "tuteábamos" con la Naturaleza desperdiciábamos nuestra infancia por mirar tele, JUGAR AL FUTBOL, y emborracharnos con leche chocolatada a esos de las cinco de la tarde?
Pero este señor muestra la hilacha (como no podía ser de otra manera): efectivamente tenía un televisor, apagado, pero televisor al fin. Reflexiono, pues: ¿sabría cómo encenderlo? ¿Sabría lo que era, o lo habrá entendido mientras escribía esas líneas, hace un rato?
En fin. "Pobre chico iluso", le diría el viejo Batman de Adam West. Y por desgracia es tarde y no tengo tiempo para explicarle quién era Batman, ni que lo daban a las cinco de la tarde con la conducción de Macu Mazzuca, a quien él, con una sonrisa de oreja a oreja, dirá que conoce (para sentirse parte): sí, sí, estimado, es el que está a la mañana en canal 9 con Mabi Wells.

El rey de las pistas



Se ve que algunos bobos nunca entienden la magia. Para vos, Cunnilingus, Tulquirst, Johny Quest o no sé cómo carajo te pusiste para no decir tu nombre. Fijate si podés ponerte los anteojos (un elemento de la civilización que podría dañar tu naturismo) para mirar un ratito esta foto (¿sabrás lo que es una foto?).

Contemplá, flaquito, el rey de las pistas. Meteoro. Este, nabo, es el que no conocés. El que -decidiste- no merecía tu tiempo. El que reemplazaste jugando con tréboles y chupando pastitos y sorprendiéndote con los colores de la corteza del ombú. El gestito es pobre pero representa la unidad de una década. Lo que hay atrás del pibe con el casco es un auto. Se inventaron hace tiempo y sirven para que la gente viaje sin tener que recurrir a un caballo.

Este dibujito animado tenía cosas brillantes. El mono que se escondía en el baúl era monumental. Y yo no sé cómo se llamaba en japonés el pibito que ayudaba a Meteoro, ese que tenía en la cabeza algo que se parecía a la pulpito (¿sabrás lo que es una pulpito?) pero partida a la mitad. No sé cómo se llamaba en japonés pero la traducción era brillante: Chispita. El pendejo era Chispita. Y si no lo sabés, Tribiquits, es porque te falta civilización. Afrontalo. Porque a Mazinger lo nombraste solito. O sea: lo conocías aunque no lo vieras porque estabas pastando. Pero de Meteoro, ni el nombre. Ni el cosquilleo. Ni la mínima cercanía al conductor ese que hacía con el auto lo mismo que hoy se hace con el celular. Te perdiste un universo: la piba que estaba buena, el otro piloto (que era el hermano, ¡qué groso!) que tenía una capucha con una X y un auto amarillo porque era muy cool. Buenísimo.

Pero vos tranquilo, Tarambotis, andá a los pinos. Yo sé que la vida de pueblo es así. En definitiva nos conocemos todos, porque somos todos iguales.

Sí, no sé quién es Meteoro, ¿y qué?

Basta. Me cansaron. Estoy rodeado de personas que creen que es positivo haber desperdiciado su niñez mirando dibujos animados en televisión. Son incapaces de admitir la verdad: lo hacían para tener un tema de conversación con otros taraditos como ellos, a falta de ideas propias.
Miraban con fruición He-man, sólo para repetir en el recreo, cuales marranos endemoniados: "¡Por el poder de grey skull!". No importaba si tenían idea de que carajos estaban hablando. La cosa era sentirse parte.
¿Y Los Campeones? Un dibujito inverosímil. El que me diga cuándo los japonenses ganaron algo me hará su siervo. No hay manera de sostener con argumentos sólidos el fanatismo por un sinsentido semejante.
Disculpen mi herejía. Mientras tanto, yo era feliz.
No me dí cuenta de que malgastaba mi tiempo pateando una pelota en el parque de mi casa. Nunca advertí que empujar un tractorcito de juguete por los lotes (¿sabrá alguno de ustedes qué es un lote?) armados con ramitas era un error.
Perdón. Por haberme trepado incontables veces a los pinos, justo a la hora que daban Mazinger.
No me di cuenta de que tutearme con la Naturaleza era elegir la opción menos inteligente.
Sepan ustedes, telemaníacos, que estoy arrepentido de no haberme avispado antes: el verdadero sentido de la vida estaba adentro de mi casa, justo enfrente del televisor apagado, y no afuera, donde corrí tantas veces el riesgo de pisar un charco y embarrarme.
Con permiso.

jueves, enero 05, 2006

La magia de la Bristol

Llega otro verano y Mar del Plata se convierte otra vez en el centro de la atención. Aquél ícono veraniego impulsado por el inefable Juan Domingo Perón hoy es el gran atractivo turístico de muchos argentinos. Sobre todo de nuestra devaluada clase media que ya sin recursos económicos apela a los ahorros de todo el año para salir unos días de ese gigante acalorado denominado Capital Federal, cuna mundial de la falsedad y el orgullo gay.
Hacia allí viaja esa fila interminable de coches por la deteriorada Ruta 2. Y hacia allí se dirige: hacia el superpoblado balneario Bristol.
Que playa paradigmática la Bristol. Siempre cobijando en sus arenas el presente de las diferentes esferas de la sociedad. Primero fueron los "cabecitas negras" hoy son los "acorralados" por el corralito, mañana serán los "antikirchneristas". Allí descansa la masa.
Conviven los jovenes que se interesan por la musica tecno con sus lentes de moda y su musculosa y los últimos fans de Pappo que inexplicablemente acuden al mar con camperas de cuero. Conviven las treintañeras que recuerdan con nostalgia los viajecitos al exterior en medio de la ficticia primavera menemista y los eternos habitúes del balneario que para esta temporada estrenan sombrilla naranja a tono con la maya de la abuela y las ojotas de los nenes. Conviven los musculosos artesanos que traen la última moda, siempre bronceados, con rastas y olor a yerba y el sufrido heladero que ya no soporta su profesión y se le nota a la hora de atender a los niños (al grito de "un torpedo, un torpedo"), impaciente y malhumorado. Conviven todos sin darse un metro de distancia. Apretaditos, con el sueño de saltar la banca en el casino a poquitos metros y la esperanza de poder desconectarse. Lo lograrán, porque la Bristol tiene magia.

Confesión

Cuando me tengo que levantar temprano a la mañana, pongo el despertador más temprano para apagarlo y poder dormir un poco más.

Ejemplo: si me tengo que despertar a las 6 de la mañana, mi despertador suena a las 4.
Puteando, miro el reloj para descubrir que tengo dos horas más de sueño.

Es estupendo, tan estupendo como la palabra estupendo.
Lo recomiendo.

Forza Italia


Quizás será una suerte de homenaje a nuestros ancestros. Suele ocurrir que a algunos les corra cierto cosquilleo por el estómago al hablar de los primeros europeos de la familia que pisaron nuestra tierra. Sobre todo aquellos que tienen ascendencia italiana, fervientes defensores de su temperamento (porque todos alguna vez soñamos con protagonizar alguna obra maestra de la mafia siciliana cinematográfica) y confesos devoto de la buena pizza (a esta altura del partido, ya se le reconoce semejante calificación a la de Güerrín o la de Ugi's) y las salsas.
Realmente siento que esta es la explicación más lógica con respecto a la fiebre que se gestó en la Ciudad de Buenos Aires con la portación de las remeras A+, que contienen inscripciones en italiano y que no sólo visten a líderes de la vida como un peludito llamado Nicolás Cabré y un futbolísta que fracasó en Italia (sí, en Italia) apellidado Castromán, sino que lograron trascender las diversidades del poder adquisitivo en nuestra sociedad.
Primero fueron los Trolls con pelos de colores que daban suerte (por diosss), luego aparecieron los tamagochis (perfecto consuelo para personas con deficiencias reproductorias o con serios problemas de vínculo), las bicis playeras adornaron (junto a las topper de lona y alguna remera de entrenamiento de un club de fútbol argentino) la utilería perfecta del pibe de barrio, fiel a la esquina de siempre y que nunca pensó en romper los códigos de amistad de lo' pibe'. Pero bueno, ahora llegaron las "remeras italianas" y hay dos caminos por tomar: acostumbrarse a leer "Tifosi" o "Siamo Fuori" en cada pecho argentino o tratar de erradicarlas. Por eso, voy a tratar de dar un par de items para identificar a un portador de Remera A+, cuando éste no la lleva puesta:

1) Tiene teléfono Nextel, y lo utiliza en el modo handy (dado vuelta y hablando desde el parlantito de su parte de atrás) generalmente para hablar de boludeces y no para discutir realmente sobre el trabajo.

2) En su mano derecha deja entrever la portada de "El código Da Vinci". No vaya a ser cosa que se piense que es un inculto de mierda.

3) Silba con asiduidad algún tema de Ricardo Arjona (preferentemente "señora de las cuatro décadas", para demostrar que a las mujeres las quiere por su interior).

4) Por último y clave en estos últimos meses, porta en su muñeca derecha una pulserita de goma. El color puede ser combinado entre los colores patrios (Bien argentino) o algún color fijo como amarillo, rojo, o verde ("Yo solo quiero luchar desde mi humilde lugar por la paz mundial").


¿Hasta cuándo hay que seguir soportando esto?

miércoles, enero 04, 2006

Valentín Cucco, "el cabrón"

De entre los tantos tahúres que merecen o merecerían ser nombrados por la Enciclopaedia Britannica -o, al menos y para ponerme a tono con los tiempos que corren, la Microsoft Encarta- no debe faltar el nombre de Valentín Cucco, hábil número seis del Esportivo Imponderables, lateral de encare y buena pegada en la época en que la función del defensor era meramente defender. Un vanguardista el tipo.

(En aquel entonces el engaño era considerado un arte. A mi humilde entender, el hecho de que hoy ya no se lo vea de esa manera no es más que otro síntoma de la decadencia de la civilización occidental.)

(En aquel entonces, por lo tanto, el verde del campo de fútbol no era más que una versión particularmente extensa del paño de una mesa de juego; Cucco, "el cabrón", así lo entendía y en eso radicaba su genialidad.)

Nadie como Cucco a la hora de patear un penalty. Su rostro -sus ojos- le escondían al portero la intención del tiro como se oculta un black jack al croupier. "El cabrón" pateaba penales con cara de póquer. 26 goles en igual cantidad de ocasiones lo atestiguan.
Pero su labor no se limitaba a ejecutar la pena una vez que esta había sido sancionada. Como un buen abogado, Cucco ganaba el pleito aún antes de que el pitazo marcara el inicio del partido. En una época en que los medios aún respetaban la intimidad a los gladiadores antes de la gesta, se han perdido los diálogos que "el cabrón" sostenía con los referees en el círculo central, los minutos previos a cada encuentro. Pero lo cierto es que Cucco gustaba a los árbitros, los predisponía bien. Aquello -su labia, su habilidad para hilar las palabras justas, de una manera casi subliminal me atrevería a afirmar- bien le valía el favor de los jueces ante cada jugada dudosa y también ante jugadas que, de haber sido protagonizadas por cualquier otro, hubiesen sido clarísimas. Cosas que se han perdido en esta época de telebín y repeticiones con ángulo invertido.

"Es que el fútbol es como el truco", explicaba a quien lo invitara a una caña en el bar de Villegas. "Si te vienen las cartas hay que ganar. Pero si la mano viene ciega, a apechugarla y sacar el uno por uno".

Cucco entendía al fútbol como un deporte intelectual. "Es como el ajedrez", llegó a afirmar, temerario, al microfono de una radio de Santa Rosa, luego de que el seis hiciera 2 de los 3 goles con que el Esportivo Imponderables venciera al Social Catalunya, de la capital pampeana, por la Copa Carlos Segura, allá por 19..
Es por eso que, a pesar de ser un incansable hombre de equipo -era el primero en llegar y el último en irse de cada entrenamiento- también supo cultivar su cultura. Entre sus favoritos mencionaba a Verne, a Salgari y a Poe, aunque una noche, en privado y luego de varias copas, me confesó nunca haber podido terminar "El Cuervo". "Es la gran deuda de mi vida", lagrimeó, y yo sabía que era mentira porque él siempre mentía -¿siempre miente?- y porque días antes, en una velada no menos alcoholica, lo escuché recitar el poema completo y en inglés, lengua que nunca estudió -o eso, al menos, era lo que afirmaba.

Abandonó una aún promisoria carrera futbolística a los 24 años, cuando emigró a los Estados Unidos para probar suerte en Hollywood. "Siempre soñé con ser actor", fue su despedida antes de subir al avión. No volví a tener noticias suyas, aunque una vez creí verlo de espaldas por la calle en una película de mafia que enganché -traducida y con cortes- un jueves a la noche por canal 13.

Basta señor Niembro

Basta señor niembro de convocar a su panel a personajes nefastos de la historia del fútbol mundial como Nornerto Alonso y Diego Latorre. Basta de darle espacio a ese fascista que se cobija en absurdas estadísticas llamado Walter Safarian. Yo no me olvido que usted señor Niembro fue el mismo que intentó disimular sus complicaciones gastricas en un baño de Puerto Madero finjiendo que las cañerías estaban rotas. Yo lo ví. Y también lo escuché relatando historias de un cabaret de Once, estimulado por sustancias que usted no debería recomendar a sus hijos. Después viene a hablar de dignidad con el pobre Bambino Veira, ese viejito ex presidiario que tantos problemas tuvo con la ley.
Basta señor niembro de conducir el programa de Fox con pantalón corto, de cuidar el bigote para sostener desde la estetica su posición ideológica. Basta de coquetear con Closs en una suerte de masturbación oral en cada transmisión. Basta de darle manija al Profe Córdoba, un hombre que nunca pudo juntar 11 jugadores. Basta de disimular su fanatismo por los caballos, las putas y la Pepsi. Basta señor Niembro. Basta.
Y basta señor Vilouta también. Siempre a la sombra de algún personaje, estancado como segundo relator de la segunda radio menos escuchada. Y basta señor Closs. Y basta señor Avila de darle trabajo a esos hipocritas. Y basta señor Poggi, no me quiero olvidar de usted. Viejo cara roja. Los quiero a todos.

Los mejores de siempre

Gracias al maestro Nalbandián, los argentinos podemos –¡por fin!– asegurar (y ya no creernos) que somos los reyes del tenis mundial. ¿O acaso alguien, ahora, se animaría a discutir el reinado del tenis argentino? ¿O el del rey David? A la horca sin encala en un confesionario sería condenado ese hereje. Y merecido sería, señores. Nalbandián nos puso en un lugar del que nunca tendríamos que habernos ido (recordatorio: también éramos los mejores cuando jugaban Vilas y Batata).
Y eso aunque los contras de siempre digan que los que defendemos el tenis nacional somos chauvinistas baratos, que nos olvidamos de este muchacho Federer y del otro chaval, ese Nadal, y que hay una tendencia de los periodistas a magnificar... Pero no, señores: somos realistas (en cuanta acepción tenga esa palabra) y ya ni siquiera aceptamos que los grises (otros indeseados) nos digan que en realidad Nalbandián comparte el trono con Federer, cual diarquía.
Esos mismos señores dirán, sin siquiera ruborizarse, que el tenis argentino no es sólo Nalbandián, sino que también están los Corias, los Gaudios 0-6/0-6 y los Cañas... Y bien por malicia, bien por analfabetismo tenístico, se burlarán de ellos. Y, bilardistas implacables, argumentarán que Argentina no ganó en 2005 la Copa Davis, como si a alguien le interesara ganarla otra vez (recordatorio: ya la ganaron Vilas y Batata).
Y por último, señores contras, reparen en una confesión del gran Willy que bien puede aplicarse al presente de Nalbandián: "Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número 1 en 1977. Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular, pero yo deseaba que terminase rápido".
Y ahora, señores contras, no me vengan, please, con eso de que Nalbandián no es el número 1, porque se equivocan. Entren, si no, a la página www.atptennis.com. Se las recomiendo...